Un equipo científico internacional logró que algoritmos de inteligencia artificial predigan, con alta precisión, el momento en que una persona está soñando, analizando únicamente su actividad cerebral. El avance, que combina neurociencia e inteligencia artificial, reabre el debate sobre la necesidad de marcos legales que protejan la privacidad de la actividad mental frente a estas tecnologías.
El desarrollo forma parte del proyecto internacional DReaM, la mayor base de datos de registros cerebrales y relatos de sueños creada hasta la fecha. En ella participan 53 investigadores de 37 instituciones en 13 países, coordinados por la Universidad de Monash (Australia) y la escuela IMT de Estudios Avanzados de Lucca (Italia), con financiamiento de la Fundación Bial. Los resultados fueron publicados en la revista Nature Communications.
El proyecto unificó más de 2,600 despertares registrados en 505 participantes, provenientes de 20 estudios previos, cada uno con mediciones de electroencefalografía (EEG) y magnetoencefalografía (MEG), además de las descripciones que las personas dieron de sus sueños al despertar. A partir de segmentos de actividad cerebral de alta resolución, el sistema de inteligencia artificial aprendió a identificar los patrones neuronales que preceden a cada despertar, logrando anticipar si una persona estaba soñando sin depender de su relato posterior.
Uno de los hallazgos del proyecto es que los sueños no ocurren únicamente durante la fase de sueño REM, sino también en etapas más profundas conocidas como NREM, donde el cerebro mantiene destellos de actividad similares a los de la vigilia.
Los investigadores señalan que esta capacidad de detectar objetivamente la actividad onírica podría tener aplicaciones clínicas, como evaluar el estado de consciencia en pacientes que no pueden comunicarse, por ejemplo personas en coma o bajo anestesia, así como aportar herramientas para el estudio de trastornos del sueño y de condiciones asociadas al procesamiento de recuerdos y emociones.
En paralelo, distintos especialistas en neuroética han advertido que el avance de tecnologías capaces de registrar o interpretar la actividad cerebral plantea preguntas legales aún no resueltas sobre la privacidad mental. Un antecedente citado con frecuencia en este debate es el fallo de la Corte Suprema de Chile de 2023, en el caso Girardi contra la empresa Emotiv, primera resolución judicial en el mundo sobre datos cerebrales, que determinó que la compañía vulneró la integridad física y psíquica del usuario al condicionar el acceso a sus propios datos cerebrales a una suscripción de pago y conservarlos para investigación sin su consentimiento explícito.
A partir de casos como ese, organismos académicos y grupos de neuroética han propuesto el concepto de «neuroderechos», que incluye principios como la privacidad mental, la identidad personal, el libre albedrío, el acceso equitativo a tecnologías de mejora cognitiva y la protección frente a sesgos algorítmicos aplicados a datos cerebrales. Estas propuestas buscan servir de base para futuras legislaciones que regulen el uso de neurotecnologías conforme estas se vuelven más precisas y accesibles.

