A partir de los 40 años, la presión arterial se convierte en un indicador clave de salud. Con el paso del tiempo, los vasos sanguíneos tienden a perder elasticidad y pueden aparecer factores como el estrés, el sedentarismo o cambios metabólicos que elevan el riesgo de hipertensión, una condición que suele avanzar sin síntomas y que incrementa la probabilidad de enfermedades cardiovasculares.
Cómo monitorear la presión arterial
El control regular es fundamental. Se recomienda medirla al menos una vez al mes si no hay diagnóstico previo, y con mayor frecuencia si existen antecedentes familiares o factores de riesgo. La medición puede realizarse en casa con un monitor automático de brazo, preferentemente por la mañana y en reposo. Antes de hacerlo, es importante evitar café, tabaco o ejercicio intenso durante los 30 minutos previos. Un registro escrito de las lecturas ayuda al seguimiento médico.

Alimentación recomendada
La dieta juega un papel central en el control de la presión arterial. Especialistas sugieren priorizar un patrón alimenticio rico en frutas, verduras, granos integrales y leguminosas, así como reducir el consumo de sal, azúcares y grasas saturadas. Alimentos como plátano, espinaca, avena, pescado, frutos secos y aceite de oliva aportan potasio, fibra y grasas saludables, que contribuyen al buen funcionamiento del sistema cardiovascular. También se aconseja moderar el consumo de alcohol y evitar productos ultraprocesados.

Ejercicio y actividad física
La actividad física regular ayuda a mantener la presión en niveles adecuados. A partir de los 40 años, se recomienda realizar al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, como caminar a paso rápido, nadar o andar en bicicleta. Complementar con ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana mejora la salud muscular y metabólica. La constancia es más importante que la intensidad, y siempre debe adaptarse a las condiciones de cada persona.
Prevención y seguimiento
Monitorear la presión arterial, mantener una alimentación equilibrada y realizar ejercicio de forma regular son medidas clave para prevenir complicaciones. A partir de los 40 años, el seguimiento médico periódico permite detectar a tiempo cualquier alteración y tomar decisiones informadas para preservar la salud a largo plazo.


